Si habéis visto la entrada anterior, os habréis percatado que nos ha tocado hacer una breve exposición de un científico de la historia. Pues bien, decidí aportar mi granito de arena en la visibilidad de las mujeres científicas que, aunque han sido parte importante del aporte científico, es cierto que se han visto invisibilizadas en gran medida. Os dejo el video de mi presentación, aunque la calidad de audio es pésima (la grabación fue improvisada) y por eso os cuento su historia a continuación.

Historia de Stefania Maracineanu
Presentación sobre su historia

 Así pues, pensé que sería interesante buscar a alguien con poco reconocimiento. Al fin y al cabo, todos conocemos la historia -o por lo menos los nombres- de grandes personajes de la ciencia como son Marie Curie, Dorothy Hodgkin​​, Lise Meitner, Irene Joliot-Curie u otras. Entonces me topé con una historia magnífica e inspiradora. Además, la protagonista era de Rumanía, un país al que sabréis que guardo un especial cariño si habéis leído mi biografía. Esta es la historia de la Dra. Ștefania Mărăcineanu y en los siguientes párrafos veréis por qué merece ser contada.

stefaniaȘtefania Mărăcineanu nació un 17 de junio de 1882 en Bucarest, se piensa que no tuvo una infancia feliz pues nunca quiso hablar de ella. Se doctoró en ciencias de la física y la química en la universidad de Bucarest en 1910 y, el año siguiente, realizó un curso de pedagogía en la propia universidad que le permitiría ejercer durante un tiempo como profesora sustituta en la Şcoala Centrală hasta 1914, cuando aprueba el examen de capacitación para profesores de secundaria y consigue plaza como profesora titular. Si echas cuentas, ¡esto suma 32 años! ¿Y qué tiene de especial? Pues que… ¡Yo cumplo 32 este año y comenzaré a ejercer como profesor de secundaria también! Bien, conocido este importantísimo dato, continuemos.

Institut du RadiumEn 1919, tras finalizar la Primera Guerra Mundial, consigue una beca para trabajar en el Institut du Radium donde -en coordinación con Marie Curie- trabajaría en la determinación de la velocidad de decaimiento del polonio, tema que sería central en su segundo doctorado y cuya tesis presenta en 1924 en la Universidad de la Sorbona de París.

Ese mismo año regresa a su país donde presenta a la Academia Rumana de Ciencias su trabajo de doctorado. Y es en esta presentación donde queda registrada una declaración que podría ser la prueba de que fue la primera persona en observar y percatarse de la radiactividad inducida o radiactividad artificial.

“Aceste cercetări şi altele care au mai urmat, în parte la Institutul Radiului din Paris, mi-au dat de gândit că nu e vorba doar de o simplă penetrare ci, mai degrabă, de o excitare simultană a suportului metalic de către substanţa activă (radioactiv) şi de către soare.”
  “Esta investigación y otras que siguieron, en parte en el Instituto de Radio de París, me hicieron pensar que no se trata solo de una simple penetración, sino de una excitación simultánea del soporte metálico por la sustancia activa (radiactiva) y por el sol.”

La hipótesis de la radiactividad inducida debida a la radiación solar fue refutada por José Baltá Elías a comienzos de los años 40. Pero la observación de que los átomos del plomo parecían estar “transformándose” en isótopos radiactivos podría estar relacionada con el premio nobel que una década más tarde recibirían Irene Joliot-Curie y su marido, Frederic Joliot.

En 1925, Ștefania regresa a París para incorporarse en el Observatorio Astronómico de Meudon bajo la tutela del profesor Henri-Alexandre Deslandres, quien formuló la hipótesis de que el sol podría causar radiactividad (1898) y se vio atraído por las investigaciones de nuestra protagonista. Así pues, continuó trabajando allí realizando más investigaciones relacionadas con el polonio, el plomo y otros materiales.

Durante su estancia en el Observatorio realizaría otras hipótesis que fueron objeto de grandes críticas y que dinamitaron su reputación y su carrera en Francia. Principalmente, el detonante de esto sería la hipótesis de que una pequeña cantidad de plomo pudiera transmutarse en oro, mercurio y helio. Mărăcineanu observó con el espectroscopio líneas espectrales atribuibles al mercurio y al helio (partículas alfa) ante la exposición del plomo al polonio. Sobre el oro, ella postulaba que siglos de exposición a la radiación solar podrían transmutar un 0,001% de plomo en oro.

Además, ese mismo año, la propia Marie Curie recurrió a Eliane Montel para que investigara el fenómeno de la radiactividad inducida descubierto en el seno de su propio laboratorio. Finalmente, Eliane concluyó que el polonio pasaba a través del plomo solo a través de microgrietas y que, por tanto, la radiactividad observada se debería al polonio alojado entre las microgrietas y no a la creación de isótopos radiactivos del plomo.

Cuando, en 1929, la señorita Mărăcineanu regresó a su país natal (posiblemente debido a la ola de críticas en base a sus hipótesis), creó el primer laboratorio de radiactividad de Rumanía. Además, retomó la práctica docente, tanto en escuelas secundarias como en la Facultad de Ciencias de la universidad. ¡Qué pasión por la enseñanza! Desde luego, quería promover el gusto por la ciencia.

Como hemos comentado anteriormente, en 1935, Irene Joliot-Curie y Frederic Joliot recibirían el Premio Nobel de Química por el descubrimiento de la radiactividad artificial. Un año antes, cuando ya habían reportado el descubrimiento, Irene mencionó a Ștefania en una entrevista con el periódico Neues Wiener:

“Fue una rumana, Miss Mărăcineanu, quien unos pocos años antes fue probablemente la primera persona en observar que los elementos no radiactivos podrían volverse radiactivos bajo ciertas condiciones”

Este sería todo el reconocimiento que recibiría respecto a este descubrimiento. Por lo que ella no quedó satisfecha y pidió el apoyo oficial de la Academia de Ciencias de Rumanía. Apoyo que le fue concedido y, en 1939, sería nombrada Directora de Investigación de la Academia.

Finalmente, fallecería en 1944 en Bucarest de cáncer, probablemente debido a la exposición a la radiactividad en sus trabajos. Aunque algunos historiadores datan su fallecimiento en 1947. Los documentos de su fallecimiento fueron destruidos pues la ciudad quedó devastada durante la Segunda Guerra Mundial.

Entonces, ¿fue realmente la primera persona en observar y detectar la radiactividad artificial?

La respuesta solo puede ser “es posible”. Teóricamente, es posible que una partícula alfa con una energía de 5MeV traspase la barrera de Coulomb y active el núcleo de plomo. Al fin y al cabo, en el caso del descubrimiento oficial de la radiactividad artificial, se bombardeó papel de aluminio con partículas alfa con energías de 4.6MeV siendo necesario, teóricamente, 4.8MeV.

MI OPINIÓN

¿Merece por tanto un reconocimiento?

Pues, no se si merecería más reconocimiento en cuanto a lo relacionado con el descubrimiento de la radiactividad artificial. Pero, su carrera me parece realmente inspiradora y digna de mención por numerosos motivos:

– Nunca es tarde si la dicha es buena –

Aprovecha el tiempoLa vida está llena de oportunidades, solo hay que buscarlas y perseguirlas. Ștefania Mărăcineanu, a lo largo de su vida, luchó por lograr lo que quería sin importar el momento o a edad. Con 32 años comenzó de profesora titular, con 36 se fue a París a comenzar otro doctorado, con 40 presentó su segunda tesis, con 48 montó el primer laboratorio de radiactividad de su país y con 57 fue nombrada directora de investigación de la Academia Nacional de Ciencias. ¿No es un camino de vida encomiable?

– No te dejes intimidar por barreras –

Rompiendo barrerasImagina las barreras que se podría encontrar esta mujer en aquella época. Hizo todo esto hace ya casi un siglo cuando las barreras sociales por sexo o por origen eran mucho mayores que hoy en día, por no hablar de los medios de transporte que entonces permitían una movilidad mucho más reducida.

– No hay hipótesis mala –

Aunque muchas de sus hipótesis resultasen no ser verdaderas, no es un trabajo perdido, la ciencia necesita de hipótesis para que sean refutadas o verificadas. En ello consiste el método científico y, por ello, toda hipótesis es un aporte a la ciencia, aunque sea incorrecta. Es decir, no pasa nada por equivocarse, simplemente es necesario estar abierto al cambio y a admitir un error.

– Pasión por la docencia –

Por supuesto, no podría pasar esto por alto siendo yo un docente en ciernes. Me parece remarcable su decisión de acudir a la escuela secundaria para promover el vínculo con las ciencias de las niñas de su escuela, aún siendo profesora también en la universidad y ya después de haber sido la creadora del primer laboratorio de radiactividad de su país.

Una profesora con formación pedagógica y científica y experiencia en la docencia (ya fue docente de secundaria antes de su segundo doctorado de París) y la investigación. Es más de lo que muchos docentes tienen hoy en día, si son profesores de universidad generalmente les falta formación pedagógica y si son de secundaria generalmente les falta experiencia en investigación. Es decir, un currículum realmente elogiable y digno de reconocimiento.

 – No hay límites, lucha por lo que quieres –

Lo dicho, el límite lo pones tú. Por supuesto que los recursos y la situación influyen, pero historias como esta son las que muestran la posibilidad de llegar incluso más allá de lo que se pueda esperar. Ștefania Mărăcineanu fue toda una luchadora, una persona incansable y llena de fuerza que no se detuvo ante cualquier barrera. Y así lo dejó ver en una de las cartas que escribió a su amiga Alexandrina Fălcoianu:

“Voi lupta, dragă Doamnă, şi pentru mine şi pentru dreptate şi pentru onoarea ţării şi a femeilor.”
“Lucharé, querida Señora, por mí, por la justicia y por el honor de mi patria y las mujeres”

Espero os haya gustado este resumen de la vida de esta gran mujer. Para conocer algo más sobre ella podéis recurrir al paper de la bibliografía. Es realmente interesante, a mi me mantuvo atrapada un buen rato. ¡Hasta el próximo post!

 Bibliografía:
Fontani, M., Orna, M. V., Costa, M., & Vater, S. (2017). Science is Not a Totally Transparent Structure: Ştefania Mărăcineanu and the Presumed Discovery of Artificial Radioactivity. Substantia, 1(1), 77-96.

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