Dale la vuelta a tu clase

Por ERIK ARRANZ JIMÉNEZ

“Dale la vuelta a tu clase” es un libro escrito por Jonathan Bergmann y Aaron Sams, dos profesores de Estado Unidos a los que se les considera los padres del “aula invertida”. Llegaron a este modelo casi por casualidad. Todo comenzó por grabar sus clases para aquellos alumnos que no podían asistir por algún motivo y se estaban perdiendo parte del temario. Fue entonces cuando observaron la utilidad de ese material que estaban generando. Así pues, emprendieron un camino en la búsqueda del “aula invertida” perfecta.

En este libro, Jonathan y Aaron nos cuentan su historia, su evolución, sus errores, sus recursos y sus consejos para que todo docente que decida embarcarse en esta aventura pueda formar su propio modelo de “aula invertida” lo más rápida y sencillamente posible y evitando algunos pasos en falso.

Como consejo básico, pero completamente necesario, recomiendan explicar a los alumnos cómo va a funcionar el aula, cómo deben tomar apuntes, qué oportunidades les presta tener al profesor en un video y la forma en que deben visualizarlo.

«Al principio del año solemos pasar algún tiempo entrenando a los alumnos para que puedan ver los vídeos de forma efectiva. Les pedimos que apaguen los iPods, los teléfonos móviles y otros distractores, mientras ven el vídeo. Luego les decimos que ya tienen la capacidad para “poner en pausa” y “rebobinar” a su profesor. Les pedimos que usen el botón de pausa tanto como quieran para que puedan anotar los puntos claves de la lección. Además, les enseñamos el método de Cornell para tomar apuntes, que consiste en escribir, registrar sus preguntas y resumir lo que van aprendiendo.»

Al leerlo -aunque parece lógico pensarlo- te darás cuenta de que no hay una sola forma de “dar la vuelta” a tu clase. Al fin y al cabo, el objetivo principal de este modelo es centrar la atención en el alumno y su aprendizaje, sacando al profesor del centro del aula y poniendo al propio estudiante en su lugar.

«“Dar la vuelta” a la clase tiene que ver más con un problema de mentalidad: la idea es redirigir la atención, quitársela al profesor y ponerla en el alumno y su aprendizaje.»

No voy a entrar en desarrollar las ideas, pues es un libro corto que se puede leer fácilmente en un fin de semana. Pero sí voy a poner algunas de las situaciones y beneficios que ellos observaron con la implementación de este modelo de enseñanza y que podéis ver más desarrolladas en su libro:

  • Ayuda a los alumnos muy ocupados o con problemas para asistir al aula.
  • Permite prestar atención a alumnos que necesitan más ayuda.
  • Permite “poner en pausa” y “rebobinar” al profesor.
  • Incrementa la interacción alumno/profesor y alumno/alumno.
  • Favorece una continuidad aún con una baja o sustitución del profesor.
  • Permite implementar el programa de “aprendizaje para el dominio”

«Benjamin Bloom sostenía que la mayoría de los alumnos pueden dominar casi cualquier contenido, si disponen del tiempo y apoyo suficientes. La idea básica del aprendizaje para el dominio es que los alumnos alcancen una serie de objetivos a su propio ritmo. En lugar de que todos trabajen en los mismos temas a la vez, todos trabajan para conseguir unos objetivos predeterminados.»

  • Se gana tiempo de clase para actividades.
  • Enseña a los alumnos a hacerse responsables de su propio aprendizaje.
  • Permite una enseñanza asíncrona.
  • Ofrece oportunidades para la nivelación.
  • Ofrece distintas oportunidades para verificar la comprensión.
  • Enseña a los alumnos el valor de aprender.
  • Hace que las actividades prácticas estén más personalizadas.

Este libro muestra cómo es posible aplicar esta metodología en el aula y el trabajo que lleva detrás. Pero también nos muestra los frutos que pueden resultar de ese trabajo y la satisfacción que ellos sienten ahora en su profesión.

Desde luego, se ve que una de las características más importantes del docente es la adaptabilidad, y esta debe venir acompañada de aprendizaje continuo, innovación y motivación. Con estas características, estoy convencido de que cualquier docente es capaz de generar su propio estilo de “aula invertida” y que sea productivo.

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